28 de agosto de 2025

El rollo del Inquiocupa: Cuando nos inventamos palabras y la cosa no tiene sentido



*Un repaso a cómo liar los términos puede fastidiar la ley*

¿Os habéis dado cuenta de que ahora nos inventamos palabras a lo loco?

Hace nada, si alguien te hablaba de un inquiocupa, pensarías que era un juego nuevo o algo que se le ocurrió a alguien con unas copas de más. Pero no, la palabreja se ha metido en nuestro día a día como si nada, y la usamos como si fuera de toda la vida.

Pero, un momento. ¿No os choca que una palabra que mezcla dos cosas tan distintas tenga tanto bombo? Es como si llamáramos médipaciente a los médicos que se ponen malos, o profestudiante a los profes que se apuntan a cursos. Suena raro, ¿no? Pues igual con el inquiocupa.

Hoy vamos a aclarar este lío de palabras que no se sostiene por ningún lado. Al final, entenderás por qué mezclar churras con merinas en temas de casas no solo es un jaleo, sino que puede traernos movidas legales.

**¿Tú qué dices? ¿Has usado la palabra sin pensar qué quiere decir?** Pues sigue leyendo y lo vemos claro.

## Cuando mezclar no es sumar: 2+2 no siempre son 4

Piensa que decides crear una palabra nueva juntando cocinero y bombero porque tu vecino Juan es cocinero y una vez ayudó a apagar un fuego pequeño en su cocina. ¿Lo llamarías cocibombero? Seguro que no, porque sabes que ser cocinero y bombero son cosas muy diferentes, con estudios distintos, trabajos distintos y, sobre todo, formas distintas de empezar a trabajar.

Pues eso mismo pasa con el inquiocupa. Es como si alguien pensara que podemos juntar sin más dos ideas legales que no se parecen en nada, solo porque en los dos casos hay alguien en una casa que no paga.

Pero aquí va la primera clase de ley básica: **cómo entras en la casa lo cambia todo**. Y no es un cambio pequeño, no. Es un mundo, como entrar porque te invitan o colarte por la ventana.

El inquilino que no paga tenía todo el derecho a estar ahí. Habló con el dueño, firmó papeles, llegó a un acuerdo y entró por la puerta, con su contrato y todo legal. Que luego no pague es otra cosa, pero al principio todo estaba en regla.

El que ocupa sin permiso, en cambio, se salta todo. No hay contrato, no hay acuerdo, no hay nada. Se metió donde no debía, como diría tu abuela.

**¿A que se ve la diferencia?** Es como comparar a alguien que entra porque le das las llaves con alguien que entra por la ventana del baño. Los dos están en tu casa y pueden darte problemas, pero la forma de llegar es muy diferente.

## Por qué importa cómo entraste: El origen lo cambia todo

Vamos a ponernos serios, pero sin aburrir. En la ley, no solo importa cómo acaba algo, sino cómo llegaste ahí. Como en las pelis de polis, que importa tanto el crimen como por qué y cómo pasó.

Cuando un inquilino no paga, es que **no cumple el contrato**. Había un acuerdo, ambos tenían derechos y obligaciones, todo iba bien hasta que uno decidió no cumplir. Es como si quedas con un amigo para cenar y no aparece: había un plan, pero uno falló.

Pero cuando alguien ocupa una casa sin permiso, **está haciendo algo ilegal desde el principio**. No hay un acuerdo que romper porque nunca lo hubo. No hay contrato que no se cumpla porque nunca existió. Es ilegal total desde el minuto uno.

Es como romper una promesa y no haber prometido nada. Las dos cosas pueden molestar, pero en la ley son muy diferentes.

**¿Te imaginas mezclar así las cosas en otros temas?** ¿Llamaríamos amienemigo a un amigo que nos debe pasta? ¿O espodivorcio a alguien que está separado pero no divorciado de verdad? Quedaría fatal, ¿no?

## Qué dice la ley: Cada cosa en su sitio

Aquí es donde se pone interesante, porque si fuera lo mismo, la forma de arreglarlo también sería la misma. Pero no, cada cosa tiene su camino legal, sus plazos y sus líos.

Para echar a un inquilino que no paga, el dueño tiene que seguir un **proceso civil**. Tiene que probar que no cumplió el contrato, seguir los plazos, avisar como toca... Es todo un rollo que reconoce que había un acuerdo legal que ahora hay que terminar bien.

Para echar a alguien que ocupa sin permiso, es diferente. Aquí hablamos de **desalojo por ser un ocupa** o incluso de temas penales. No hay que probar que no cumplió el contrato porque no hay contrato. Es una ocupación ilegal, sin más.

Es como despedir a un empleado (hay que seguir reglas, dar indemnizaciones, respetar plazos) y echar a alguien que se coló en tu oficina (aquí llamas a seguridad y listo).

Los plazos son otros, lo que puedes hacer es otro, hasta los juzgados pueden ser diferentes. Si fuera lo mismo, ¿por qué la ley lo trata tan diferente?

**¿No tiene sentido que cada cosa necesite su solución?** Es lo lógico en la ley.

## El lío de los medios: Cuando el márketing puede más que la ley

Vale, ¿de dónde sale la palabreja? Pues seguramente de donde salen muchas ideas simplonas que vemos en la tele: de querer dar titulares que llamen la atención y de hacer que todo sea fácil de entender.

Pero la ley no siempre es fácil. A veces es complicada, a veces hay que pensar un poco para ver las cosas claras. Pero no por eso podemos mezclar churras con merinas para que nos sea más cómodo.

Es como si los médicos llamaran gripicáncer a cualquier enfermedad que te haga sentir mal, solo por no explicar la diferencia entre una gripe y un cáncer. Vale para los titulares, pero fatal para saber qué te pasa.

Lo de inquiocupa es más cosa de los medios que de la ley. Suena bien, se recuerda fácil y te permite meter en el mismo saco cosas que, aunque parezcan parecidas, son muy diferentes en la ley.

**¿Os dais cuenta de que ahora todo tiene que tener una etiqueta fácil?** Es la era del Twitter legal, donde los detalles se pierden por los hashtags.

## Qué pasa si nos liamos: Más allá de las palabras

Pero no es solo una cosa de puristas del lenguaje o de abogados aburridos. Liar los términos tiene consecuencias reales, y no son buenas.

Cuando juntamos cosas diferentes bajo una etiqueta, ayudamos a que la gente se **confunda** sobre los derechos y obligaciones de cada uno. Un inquilino que no paga tiene derechos (porque tenía un contrato), mientras que un ocupa no tiene casi ninguno (porque su situación es ilegal).

Esta confusión puede hacer que los dueños no sepan qué hacer, que los inquilinos con problemas no conozcan sus derechos e incluso que los políticos hagan leyes que no tienen en cuenta cada situación.

Es como si un médico trata igual una alergia y un infarto porque los dos te hacen sentir mal. Puede ser un desastre.

Además, la confusión hace que el debate sobre las casas se ponga **más tenso**. En lugar de analizar las cosas con calma, tendemos a simplificar todo y a ver buenos y malos, cuando la realidad es más complicada.

**¿No creéis que ya hay bastantes movidas como para añadir más lío?**

## El contrato es la clave: Lo básico para entrar con permiso

Voy a ponerme un poco técnico, pero sin aburrir. En la ley hay algo llamado **principio de autonomía de la voluntad**. En plan fácil: cuando dos personas se ponen de acuerdo en algo libremente, ese acuerdo vale.

Cuando un dueño y un inquilino firman un contrato de alquiler, están usando esta autonomía. Se ponen de acuerdo en las condiciones, firman el papel y listo: hay un acuerdo legal con derechos y obligaciones para ambos.

El inquilino tiene derecho a usar la casa a cambio de pagar un alquiler. Es un trato legal, acordado y protegido por la ley. Que luego no pague no quita que al principio todo fuera legal.

Es como cuando compras algo a plazos. Si dejas de pagar, debes pasta, pero eso no significa que lo que compraste fuera robado. La compra fue legal, el problema es que no pagas lo que debes.

En cambio, el ocupa nunca tuvo ese momento de acuerdo legal. No hay contrato que valga, no hay trato, no hay nada. Su situación es ilegal desde el primer segundo, no porque no cumpla algo, sino porque nunca tuvo derecho a estar ahí.

**¿A que se ve la diferencia?** Es como romper una regla del juego y no estar jugando.

## El momento clave: Cuándo empiezan los problemas

Aquí va otra cosa importante: **cuándo empiezan los problemas**. En el caso del inquilino moroso, hay un momento en que la cosa pasa de estar bien a estar mal: cuando deja de pagar.

Hasta entonces, todo iba como la seda. El inquilino pagaba, el dueño cobraba, los dos cumplían. Pero llega un momento en que uno decide no cumplir.

En el caso del ocupa, no hay ese momento de cambio. La situación es mala desde el principio. Nunca hubo un antes en el que todo funcionaba.

Es como una relación que se rompe y una que nunca existió. En el primer caso, hubo algo que funcionó un tiempo y luego se fastidió. En el segundo, nunca hubo nada.

Esta diferencia es importante en la ley. En el caso del inquilino moroso, hay que demostrar cuándo empezó a no pagar, cuánto tiempo lleva así, qué avisos se le enviaron... Toda la historia de una relación que existió y se fue a pique.

En el caso del ocupa, la cosa es más simple: ¿tenía derecho a estar ahí? No. ¿Cuándo dejó de tener derecho? Desde el principio.

**¿No ves la lógica de que cosas con historias tan diferentes necesiten análisis diferentes?**

## Cuidado con simplificar: Lo fácil no siempre es lo mejor

A ver, es más fácil meter todo en el mismo saco que pararse a pensar. Es más cómodo tener una palabra para situaciones complejas que tener que explicar las diferencias.

Pero la ley no funciona así. La ley es precisa, tiene matices y pequeñas diferencias que pueden cambiar mucho las cosas.

Es como en la medicina: puede ser más fácil llamar dolor a cualquier molestia, pero si no sabes si es dolor de cabeza, de muelas o de infarto, la puedes liar mucho.

La precisión con las palabras no es manía de abogados. Es necesario para **entender la realidad** y para **dar la solución correcta** a cada problema.

Cuando usamos inquiocupa como si fuera todo lo mismo, renunciamos a esa precisión. Es como decir que da igual si alguien llegó con contrato o sin él, si tenía derechos o no, si incumplió algo o se saltó todo.

**¿De verdad crees que todo eso da igual?** Pues la ley dice que no, y por algo será.

## Ejemplos de la vida: Cuando lo difícil se hace fácil

A ver si con ejemplos lo pillamos mejor. Imagina estas cosas:

**Caso A**: Invitas a tu primo a casa porque busca piso. Al principio bien, pero pasan dos meses, sigue ahí, no ayuda con los gastos y no se quiere ir.

**Caso B**: Vuelves de vacaciones y hay un desconocido en tu salón. No sabes quién es, cómo entró ni qué hace ahí.

¿Llamarías invitocupa a tu primo? ¿Te parece que es lo mismo? Pues no. En el primer caso, había un acuerdo (aunque fuera de palabra) que se fastidió. En el segundo, nunca hubo acuerdo.

Las soluciones también serían diferentes. Con tu primo hablarías, negociarías, pedirías ayuda a la familia... Con el desconocido llamarías a la policía.

Pues así con los inquilinos morosos y los ocupas. Cosas diferentes, orígenes diferentes, soluciones diferentes. **¿Por qué empeñarse en tratarlos igual?**

## Cuidado con los extremos: Cuando todo es blanco o negro

Una de las cosas más peligrosas de liar los términos es que hace que un debate que ya está caliente se ponga aún peor. Cuando juntamos ideas diferentes bajo una etiqueta, es más fácil que todo se convierta en una pelea entre buenos y malos.

La realidad es más complicada. Hay dueños que se aprovechan de inquilinos y al revés. Hay ocupas que lo hacen por necesidad y otros por ser listos. Hay cosas que se pueden solucionar hablando y otras que necesitan la ley ya.

Pero cuando todo es inquiocupa, no podemos ver cada cosa por separado. Todo es una guerra entre los que ocupan y los dueños, cuando son cosas muy diferentes que necesitan soluciones muy diferentes.

Es como si en un hospital trataran igual a todos los pacientes porque todos están enfermos. Sirve para simplificar, pero es fatal para la salud.

**¿No crees que hay ya bastantes debates tensos como para añadir más leña al fuego con líos de palabras?**

## El contexto legal es clave: Por qué las palabras importan

En la ley, las palabras son importantes. Son herramientas para distinguir entre cosas que parecen iguales pero tienen consecuencias muy diferentes.

Cuando un juez decide sobre un caso, no puede usar palabras ambiguas. Tiene que saber de qué tipo de situación habla, porque eso cambia lo que tiene que hacer, los plazos, los derechos y las soluciones.

Un juez no puede decir: Como esto es un 'inquiocupa', voy a usar un poco de ley de inquilinos morosos y un poco de desalojo de ocupas. Sería un lío legal con consecuencias raras.

La precisión es importante para que la ley funcione. **Sin precisión, no hay seguridad legal**. Y sin seguridad legal, no sabes qué derechos tienes ni qué esperar.

Es como cocinar con una receta que dice echa sal y azúcar sin decir cuánto de cada cosa. Puede salir bien o fatal.

**¿Te imaginas intentar arreglar problemas legales sin saber de qué problema hablas?**

## Cuidado con las modas: Cuando lo guay se come a lo correcto

Ahora las modas con las palabras se extienden muy rápido. Una palabra se pone de moda, todo el mundo la usa y nadie se acuerda de dónde salió ni si tiene sentido.

El problema es que cuando estas modas llegan a la ley, la cosa se pone seria. Hablamos de cosas que afectan a gente real en situaciones reales.

No es lo mismo usar mal una palabra cualquiera que una que puede cambiar cómo la gente ve los derechos de la vivienda o cómo los políticos hacen las leyes.

Es como si llamamos médicoenfermero a todos los que trabajan en la salud. Suena bien, pero si necesitas una operación, querrás saber quién es quién y qué hace cada uno.

Simplificar los términos legales puede parecer inofensivo, pero crea confusión sobre temas que afectan a nuestros derechos.

**¿De verdad queremos que las modas se coman la precisión legal?** Yo creo que no es buena idea.

## Los medios tienen la palabra: Informar bien o simplificar demasiado

Los medios tienen parte de culpa. Tienen que hacer que la ley sea fácil de entender, pero también tienen que evitar la confusión con explicaciones demasiado simples.

Es difícil, lo sé. Explicar la diferencia entre un inquilino que no paga y un ocupa no es tan llamativo como crear una palabra que lo junte todo. Pero la información correcta, aunque sea menos sexy, es mejor a largo plazo.

Cuando los medios usan términos como inquiocupa sin explicar qué significa, ayudan a que la gente se confunda sobre temas que afectan a mucha gente. Y esa confusión tiene consecuencias: dueños que no saben qué hacer, inquilinos que no conocen sus derechos, políticos que hacen leyes basadas en ideas confusas...

Es como si los médicos de la tele usaran términos inventados sin decir que son inventados. La gente acabaría más confundida que informada.

**¿No creéis que los medios tienen que informar bien, aunque sea menos espectacular?**

## La política en juego: Cuando las leyes se hacen con ideas confusas

Y aquí llegamos a lo peor de todo: que esta confusión influya en cómo se hacen las leyes.

Si los políticos hacen leyes basadas en ideas confusas como inquiocupa, la ley puede no tener en cuenta cada situación. Leyes que intentan solucionar problemas diferentes con lo mismo, o que dejan cosas sin regular por no distinguir bien las situaciones.

Es como intentar hacer una medicina para curar el malestar sin saber si es dolor de cabeza, de estómago o de infarto. Seguramente no cure nada y puede empeorar las cosas.

Una buena ley necesita ideas claras. Necesita entender qué problema soluciona, qué tiene de especial y qué herramientas se necesitan para arreglarlo.

Cuando juntamos problemas diferentes bajo etiquetas generales, corremos el riesgo de hacer soluciones generales que no solucionan nada.

**¿De verdad queremos leyes basadas en confusiones?** Yo prefiero leyes claras que arreglen problemas concretos con soluciones concretas.

## La solución lógica: Llamar a las cosas por su nombre

Entonces, ¿qué hacemos? Pues fácil: **llamar a las cosas por su nombre**. Inquilino moroso al que no paga teniendo contrato, ocupa al que se mete en una casa sin permiso.

No es tan pegadizo como inquiocupa, lo sé. No suena tan moderno ni es tan fácil de tuitear. Pero es **correcto**.

Y la corrección no es manía de abogados. Es la base para entender la realidad, para dar soluciones a problemas concretos y para que cada uno sepa sus derechos y obligaciones.

Imagina que vas al médico y te dice: Tienes un 'dolormalestar', así que te voy a dar una 'medicinaterapia'. ¿Te quedarías tranquilo? Pues no. Querrías saber qué te pasa y qué te van a dar.

Pues en la ley igual. **La precisión ayuda a entender las cosas**.

## Aprender sobre leyes: Entender para decidir

Todo esto nos lleva a otra cosa: lo importante que es aprender sobre leyes. No hace falta ser abogado, pero sí entender lo básico que afecta a nuestra vida.

Entender la diferencia entre un inquilino moroso y un ocupa no es solo una cosa de estudiar. Es útil si te encuentras en esa situación, como dueño, como inquilino o como ciudadano que quiere entender lo que se dice sobre las casas.

La confusión es enemiga del aprendizaje. Cuando juntamos cosas diferentes bajo etiquetas generales, es más difícil que la gente entienda de qué hablamos.

Es como enseñar matemáticas llamando númeroproblemática a la suma y a la resta. Parece más fácil, pero al final nadie sabe sumar ni restar.

**¿No crees que merecemos entender lo que afecta a nuestros derechos?** Yo creo que sí, y para eso hay que llamar a las cosas por su nombre.

## Conclusión: Las palabras tienen poder

Al final, todo se resume en algo simple: **las palabras importan**. No son etiquetas que podemos cambiar como queramos. Son herramientas para entender la realidad.

Inquiocupa puede sonar moderno, pero es incorrecto porque mezcla cosas diferentes en la ley. Un inquilino que no paga no se convierte en ocupa; sigue siendo un inquilino que no cumple el contrato. No es solo un detalle, es algo muy importante con consecuencias grandes.

Cuando no usamos las palabras con precisión y preferimos simplificar para los medios, ayudamos a crear confusión sobre nuestros derechos y obligaciones. Y eso tiene consecuencias reales.

Lo mejor es no complicar las cosas, sino llamar a cada cosa por su nombre y explicar las diferencias cuando sea necesario. Es más trabajo, pero es la única forma de que entendamos de qué hablamos cuando hablamos de problemas de casas.

## Tu opinión: ¿Qué piensas de todo esto?

Y ahora toca que hables tú: **¿qué te parece todo esto?** ¿Habías pensado en que mezclar ideas legales puede ser un problema? ¿Crees que es importante ser precisos con las palabras o que me estoy pasando de la raya?

Me gustaría saber qué piensas, sobre todo si has vivido algo parecido, como dueño, como inquilino o como espectador de este circo que hay montado con el tema de las casas.

¿Has usado la palabra inquiocupa? ¿Te parecía bien o tenías dudas? ¿Crees que los medios deberían ser más precisos o prefieres que simplifiquen para que sea más fácil entender?

**Y, sobre todo, ¿qué otras palabras inventadas crees que deberíamos analizar?** Porque creo que inquiocupa no es la única confusión que se ha colado en nuestro lenguaje.

Deja tu comentario, cuenta tu historia, da tu opinión. Se trata de hablar, de intercambiar ideas y de intentar entender el mundo en el que vivimos.

**¿Te animas a participar?** Tu opinión puede ser importante para entender este lío de palabras.

*Porque al final, lo mejor es escuchar muchas voces. Y quién sabe, quizás entre todos conseguimos que las palabras vuelvan a significar lo que tienen que significar.*

20 de julio de 2025

El regreso del futbolín: del bar de barrio a las pantallas del mundo

Durante mucho tiempo, el futbolín fue el rey indiscutible de los bares, recreativos y cuartos de estar. Era el campo de batalla improvisado donde se resolvían rivalidades entre primos, se sellaban amistades eternas y se aprendía a manejar la presión de un penalti decisivo antes de llegar a la adolescencia. Y aunque durante unos años parecía relegado a un rincón polvoriento de la memoria colectiva, el futbolín está viviendo un inesperado y glorioso regreso. Como Stranger Things hizo por las bicicletas ochenteras, o TikTok por los bailes sincronizados, las redes sociales, las series de éxito y los creadores digitales están devolviendo al futbolín su merecido lugar en el centro de la cultura popular.

Pero para entender este resurgir, hay que empezar desde el principio. Literalmente.

La (disputada) invención del futbolín

El origen del futbolín, como el de muchas cosas hermosas, está envuelto en debate. Dos países se disputan la paternidad del invento: España y el Reino Unido. En el lado británico, la versión más citada se atribuye a Harold Searles Thornton, quien patentó en 1921 un "aparato para jugar a un juego de mesa de fútbol". La idea, según contaba su familia, surgía del deseo de adaptar el fútbol real a un formato casero durante los fríos inviernos ingleses. Su versión se llamó "table football" y tenía un aire algo rudimentario.

Pero en España, la historia adquiere un tinte más dramático. El gallego Alejandro Finisterre (seudónimo de Alexandre Campos Ramón) aseguraba haber inventado el futbolín en 1936, inspirado por los niños heridos en la Guerra Civil que ya no podían jugar al fútbol. Su versión incluía porterías, jugadores de madera pintados a mano y varillas metálicas. Registró la patente en 1937, pero la perdió durante su exilio en Francia tras la victoria franquista. Finisterre señaló siempre que su invento fue robado, replicado y exportado sin su permiso.

Sea cual sea el origen que prefiera el lector, lo cierto es que el futbolín echó raíces profundas en Europa y América Latina. En Francia se llamó "babyfoot"; en Alemania, "tischfußball"; en Italia, "calcetto"; y en Estados Unidos, "foosball", nombre derivado del alemán. En cada país, evolucionó con estilos propios: con porterías más anchas, jugadores cónicos o rectos, y hasta con reglas distintas sobre si se puede girar la barra completa (en España: sí; en Alemania: anatema).

De las tabernas al imaginario colectivo

Durante las décadas de los 60, 70 y 80, el futbolín fue omnipresente. En la España del desarrollismo, era tan habitual como la radio o el brandy. Los bares competían por tener el mejor futbolín, y los chavales del barrio organizaban liguillas con tanta seriedad como el Mundial de México 70. ¡Ay de quien se atreviera a tocar la palanca del portero sin haber metido moneda!

El futbolín fue además un elemento democratizador: jugaban ricos y pobres, niños y adultos, mujeres y hombres. No había algoritmo ni pantalla táctil que separara a los jugadores. Solo reflejos, estrategia y ese sonido inconfundible del gol: clac seco y glorioso.

¿Y cuándo pasó de moda?

Con la llegada de los videojuegos, la globalización del ocio digital y la aparición de otras formas de entretenimiento, el futbolín empezó a perder presencia. Sobre todo en entornos urbanos, donde los bares tradicionales dieron paso a cafeterías de franquicia y las consolas sustituyeron a los futbolines de madera. Pero no desapareció del todo. Como tantas cosas icónicas, quedó en letargo, esperando su momento.

El revival digital: futbolín 2.0

Ese momento llegó con la cultura de la nostalgia y la estetización de lo "retro". En Instagram, miles de fotos muestran futbolines vintage restaurados como piezas de colección. En TikTok, abundan los vídeos de jugadas imposibles a cámara lenta y trucos de profesionales. En YouTube, hay canales enteros dedicados a analizar tácticas, comparar modelos y cubrir torneos.

Series como Ted Lasso, La Casa de Papel o Stranger Things han mostrado futbolines como elementos del decorado que activan la nostalgia emocional del espectador. En The Office, hay una escena memorable entre Jim y Pam retándose en un futbolín; en Friends, Chandler y Joey tienen uno en su apartamento. Incluso la película Foosball (2013), una animación argentina dirigida por Juan José Campanella, puso al futbolín como protagonista absoluto.

Campeonatos y figuras del futbolín profesional

Para algunos, el futbolín no es solo nostalgia: es deporte profesional. Existen federaciones como la ITSF (International Table Soccer Federation), que organiza campeonatos mundiales con miles de participantes. España tiene su propia federación (FEFM), con ligas nacionales, clasificatorios y estrellas reconocidas. Jugadores como Franck Lamour, Tony Spredeman o el español Carlos Arévalo son leyendas dentro del mundillo.

Las reglas del futbolín competitivo son estrictas: nada de giros de 360º, saque neutral, y una norma de respeto casi sagrada entre jugadores. Y, ojo, los premios pueden llegar a decenas de miles de euros. Además, marcas como Bonzini (Francia), Tornado (EE. UU.) o Futbolín Español (con sede en Galicia) fabrican modelos profesionales que valen más que una moto.

Anécdotas que valen oro

En 1970, durante el Mundial de México, la selección alemana llevó un futbolín como parte de su equipamiento para relajarse en las concentraciones. Y en la Casa Blanca, durante la presidencia de Nixon, se instaló un futbolín en la sala de recreo. En 2008, la firma Louis Vuitton fabricó uno con acabados de cuero que costaba más de 60.000 euros. Y en España, hay bares legendarios donde se celebra el "Día del Futbolín", con torneo incluido y paella para los perdedores.

Impacto intergeneracional y cultura pop

Una de las razones del renacer del futbolín es su carácter intergeneracional. Padres e hijos pueden jugar juntos sin barreras tecnológicas. Es un lenguaje común, un terreno neutral donde no importan las edades. Para los mayores, es un viaje emocional; para los jóvenes, un descubrimiento analógico con encanto.

En redes como Reddit o X (antes Twitter), abundan los hilos con recuerdos entrañables: aquel futbolín de chapa oxidada en el camping, el bar donde sólo se jugaba con tres delanteros, la pareja que se conoció entre partida y partida. Y todo esto ha contribuido a un efecto dominó: la restauración de futbolines antiguos, la fabricación de modelos personalizados y la aparición de futbolines digitales con sensores y conectividad online.

El futbolín hoy: entre la nostalgia y el vanguardismo

Hoy en día, podemos encontrar futbolines en coworkings, terrazas hipster y oficinas de Silicon Valley. Google, Amazon y otras grandes empresas los tienen como parte de sus espacios de ocio laboral. El futbolín ya no es sólo un juego: es un elemento de diseño, un guiño cultural y un gesto de comunidad.

No es raro ver en Instagram a influencers organizando torneos temáticos; o en Twitch, streamers enfrentándose con reglas caseras; incluso hay NFT de futbolines pixelados en el metaverso. Y sin embargo, lo esencial no ha cambiado: dos personas, frente a frente, empujando barras de metal con pasión casi infantil.

Conclusión: el eterno retorno de la bola blanca

El futbolín ha regresado porque nunca se fue del todo. Como todo icono cultural, se adapta, se transforma y vuelve con nuevos significados. Lo que antes era el centro de una taberna oscura hoy es una pieza de diseño en un apartamento minimalista. Lo que era un pasatiempo de barrio, es ahora objeto de culto, herramienta terapéutica y deporte profesional.

En un mundo saturado de pantallas, el futbolín ofrece algo raro y precioso: contacto humano directo, juego físico, competencia limpia y ese crujido inolvidable cuando la bola blanca entra en la portería. Clac. Grito. Revancha.

Larga vida al futbolín.

19 de julio de 2025

“La smash brurguer y otras formas de sodomía con pan de brioche”por un descendiente espiritual, con acidez estomacal y verbo de Camilo José Cela

A mí que me perdonen los sumos sacerdotes de la hamburguesa gourmet, los barbudos del delantal de cuero, los heraldos del queso cheddar madurado entre los muslos de una virgen islandesa y la rúcula que ha visto más mundo que yo, pero esto que está pasando con las brurguesas —llamémoslas por su nombre de guerra, que el de pila ya no vale— no es comida ni negocio, sino estafa revestida de panecillo dulce y loncha de mentira.

Porque aquí, señoras y señores del jurado, no estamos ante una hamburguesa. No. Esto es otra cosa. Esto es un concepto. Un “concepto gastronómico urbano de vanguardia”, según los evangelistas del márketing, los que te venden un filete de tercera molido y aplastado como si fuera foie de unicornio, con nombre impronunciable y precio de dentista con bata limpia.


I. DE CUANDO LA VACA LLORA Y EL CLIENTE TAMBIÉN

La hamburguesa de diseño, esa santa herejía del hambre callejero, nace en el corazón podrido del hipsterismo de guante blanco, y se cría entre maderas recicladas, luces colgantes con bombilla vista, y camareros con tatuajes de origami japonés en los antebrazos.

Te cobran quince euros —¡quince, madre mía, y sin rubor alguno!— por una hamburguesa con nombre de película iraní:

“La smash de Wagyu con emulsión de trufa negra, cebolla caramelizada al Vermut blanco y reducción de bacon al mezcal.”

¿Pero esto qué es? ¿Una hamburguesa o la carta astral de un carnívoro en crisis de identidad?


II. EL PAN DE BRIOCHE, O EL MILAGRO DEL EDREDÓN AZUCARADO

El pan —¡ay, el pan!— antes era un soporte. Una cosa sencilla que no sabía a nada, que estaba ahí para que no te pringaras las manos. Pero ahora es un bríoush, con diéresis, como los nombres de los DJs de Ibiza. El pan de brioche lo carga el diablo, dulce y blando como las nalgas de un querubín, incapaz de sostener el jugo de la carne sin desmoronarse como el alma de un banquero en el confesionario.

Y entonces, uno muerde y se le escurre el cheddar por la muñeca, la grasa le salpica el sobaco y la cebolla al Vermut le cae en el pantalón recién planchado. Y todo esto mientras el camarero, que cobra en karma y descuentos en croquetas fermentadas, te sonríe como quien ha visto cosas.


III. LOS NOMBRES: UN ARTE DE GUERRA

Ya no hay hamburguesas que se llamen “la normal” o “la de queso”. Ahora se llaman “La Chispa de Kansas”, “La Tokyo Smash 2.0”, o “La Mac&Fake Deluxe by Hugo”.

La hamburguesa ha dejado de alimentarte para empezar a narrarte.

Una hamburguesa que necesita dos líneas de descripción y un asterisco con nota al pie no es una comida, es un PowerPoint. Y uno, que fue a comer, sale con la impresión de haber asistido a una ponencia en TEDx sobre la angustia de las patatas rustidas.


IV. DE LA LECHUGA INDIGNADA Y EL BACON DE POSTUREO

Lechuga. Cebolla. Tomate. Bacon. Los cuatro jinetes de la hamburguesa tradicional. Antes se ponían como quien se pone los calzoncillos: sin pensar, por pura higiene. Ahora no.

Ahora la lechuga ha de ser romana, pero de Roma la de Oregon; la cebolla, morada como la soberbia; el tomate, pelado a mano por vírgenes de Murcia; y el bacon... ¡el bacon no cruje, el bacon es lacón ibérico templado con soplete lánguido, para no herir sus sentimientos!


V. EL PRECIO Y LA GRAN ESTAFA DE LA SENSACIÓN PREMIUM

Que me venga alguien, con calculadora y decencia, a explicarme cómo un filete de 180 gramos, un pan dulce, y un poco de ensalada de bolsa pueden costar lo mismo que una ración de percebes.

¿Estamos locos o qué nos pasa?

Han cogido comida de pobre —porque la hamburguesa, por mucho que la vistan de seda, siempre será hija de la prisa y del estómago que ruge— y la han convertido en un símbolo de estatus, en un ejercicio de clase. Ahora parecer pobre comiendo hamburguesas te cuesta 22 euros, y eso, camaradas, es capitalismo nivel experto.


VI. POSTRES CON DOLOR Y REFRESCOS A PRECIO DE SANGRÍA

Y no termina ahí el drama. Porque si te atreves a pedir postre, te dan un “Brownie invertido con sal de Himalaya y espuma de Cola-Cao” por siete euros y medio, servido en una teja de pizarra que pesa más que tu indignación.

El refresco, por supuesto, no es un refresco. Es una “cola orgánica de cereza negra”, embotellada en Islandia por monjes luteranos, y te cuesta más que una cerveza en Alemania. Y tú, que entraste con hambre y ganas, sales con hipoteca y dispepsia.


VII. Y AUN ASÍ, LA GENTE VUELVE

Porque hay fotos. Porque hay stories. Porque si no subes la brurguesa a Instagram, no existió. Porque el hambre ha dejado de doler y ahora solo se postea.

Los jóvenes, que antes se comían una hamburguesa en silencio, ahora la diseccionan como si fuera arte contemporáneo.
—“¿La pido con extra de trufa o con cebolla confitada? ¿Y si la compartimos y hacemos un reel?”
—“Tú pide lo que quieras, pero que salga bien el plano del cheddar.”


VIII. EPÍLOGO: A DÓNDE VAMOS Y QUIÉN NOS GUIA

Vivimos tiempos raros. Tiempos en los que una hamburguesa cuesta más que un menú del día, en los que el pan lleva azúcar y el queso, narrativa. Donde la grasa ya no es pecado, sino storytelling.

Y uno, que ya no está para muchas fiestas, mira el plato con resignación, paga con tarjeta y se jura no volver.

Pero vuelve. Porque el ser humano, como el perro, tropieza siempre con la misma smash brurguer.


Si este texto te ha hecho reír, reflexionar o, al menos, mirar con sospecha a la próxima smash burger que te quieran colar, compártelo. No cambiamos el mundo, pero al menos nos reímos mientras nos lo fríen.

7 de abril de 2023

Seedr, una herramienta imprescindible para gestionar mis torrents.

Seedr es una herramienta en línea que te permite descargar archivos torrent directamente en la nube sin tener que descargarlos a tu computadora. Esto es útil si tienes una conexión a internet lenta o si no quieres ocupar espacio en tu disco duro. Además, Seedr también ofrece almacenamiento en la nube y funciones de transmisión para ver tus archivos directamente en línea.

En este artículo, te explicaremos cómo usar Seedr en unos sencillos pasos.

Paso 1: Crear una cuenta
Lo primero que debes hacer es crear una cuenta en Seedr. Puedes hacer esto visitando el sitio web oficial de Seedr y haciendo clic en "Registrarse" en la esquina superior derecha de la pantalla. Completa el formulario con tu información y sigue las instrucciones para verificar tu correo electrónico y activar tu cuenta.

Paso 2: Agregar un torrent
Una vez que hayas iniciado sesión en Seedr, debes agregar un archivo torrent para descargar. Para hacer esto, haz clic en el botón "Agregar torrent" en la esquina superior izquierda de la pantalla. Puedes pegar el enlace del torrent o cargar el archivo torrent desde tu computadora.

Paso 3: Esperar a que se descargue el torrent
Después de agregar el torrent, Seedr comenzará a descargarlo en su servidor en la nube. Puedes ver el progreso de la descarga en la sección "Descargas" de la página. Dependiendo del tamaño del archivo y de la velocidad de tu conexión a internet, la descarga puede tardar algunos minutos o varias horas.

Paso 4: Descargar el archivo
Una vez que la descarga del torrent esté completa, puedes descargar el archivo directamente desde Seedr. Haz clic en el archivo en la sección "Mis archivos" y luego haz clic en el botón "Descargar". El archivo se descargará a tu computadora como cualquier otro archivo.

Paso 5: Otras funciones
Además de la descarga de torrents, Seedr también ofrece almacenamiento en la nube y funciones de transmisión. Puedes cargar archivos a Seedr y luego acceder a ellos desde cualquier dispositivo con una conexión a internet. También puedes transmitir archivos directamente en línea sin necesidad de descargarlos.

En resumen, Seedr es una herramienta en línea útil para descargar y gestionar archivos torrent. Con unos simples pasos, puedes descargar archivos directamente en la nube y acceder a ellos desde cualquier lugar. Además, las funciones de almacenamiento en la nube y transmisión hacen que Seedr sea una herramienta muy completa para cualquier persona que necesite administrar archivos en línea.
Podéis encontrar esta herramienta en: https://www.seedr.cc/

25 de julio de 2016

FireChat: mensajería segura sin red, iPhone y Android

Hola,
Acabo de descargar FireChat en mi teléfono.
FireChat es un servicio de mensajería para teléfonos inteligentes que te permite hablar en privado, aun sin estar conectado a la red.
Consíguelo ahora en http://firech.at/

16 de octubre de 2014

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